Cachetada a Insulza

Se necesitaría la pluma de Vargas Llosa –entre los grandes escritores de Hispanoamérica– y el humor destilado de Cantinflas para describir y entender los vericuetos mentales de Daniel Ortega y su corte en estos días. Los psiquiatras no darían abasto.

Aquí, en este torrente demencial, hay para todos los gustos. La prensa ha dado cuenta ya de los principales episodios de esta tragicomedia orteguiana, cuyo clímax fue el mapa de Google, al que siguió el ruego oficial de Ortega y de su canciller a esta empresa para que, por favor, no publicaran la rectificación. Esta sola prueba basta y sobra para que la OEA proceda contra Ortega, pero este es otro cantar. Ortega hace las muecas y las piruetas, pero su titiritero está en América del Sur. El quid ahora es saber si, en esta aventura demencial, Ortega actuó por cuenta propia o fue manejado a distancia, esto es, si se trata de un loco suelto o de un loco dirigido. Si lo primero, el loquero puede ayudar, conminando a Ortega a que vuelva al encierro; si lo segundo, cabe suponer que todo conspira contra la OEA, so pretexto de Costa Rica. Una invasión contra un país con ejército asusta y moviliza; contra un país pequeño y sin ejército –y en América Latina– solo sirve para que los países exhiban su capacidad de mercadeo.

Ortega lo sabe y, sea lo que sea, le propinó, a tono con su mejor estilo, una cachetada a Insulza al llegar este a Managua. Ortega no lo recibió de inmediato, como lo exigían las circunstancias y un elemental sentido de urbanidad, sino que lo hizo esperar seis horas y la reunión tuvo lugar no en su casa o en la presidencia, sino en la secretaría del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). La simbología es elocuente: “señor Insulza, yo lo recibo cuando me da la gana y la institucionalidad nunca me ha importado. Lo que cuenta es la fuerza militar y la ideología marxista del FSLN”. Más claro no canta un gallo, más cuando Ortega solo permitió el acceso de la prensa de Nicaragua, obligada a oír sin preguntar.

Insulza es un político escaldado y escamado (esperamos) en los reveses del golpe de Estado en Honduras y habrá sacado provecho, si tiene dignidad y sentido de la verdad, del trato humillante de Ortega, de la elocuencia de las pruebas aportadas por Costa Rica y de la reacción cínica de este y de su camarilla. Si su informe del martes en la OEA no es categórico (el retiro inmediato del Ejército nicaragüense, que Ortega condicionaría al amojonamiento de la frontera para mantener vivo el tema y salvar cara (que no tiene), la OEA se extinguiría inodora, incolora, insípida e insulsa'

En la OEA y en América todo resulta posible, desde Vargas Llosa a Ortega.

Julio Rodríguez
La Nación | 07 de noviembre del 2010
http://www.nacion.com/2010-11-08/Opinion/Foro/Opinion2582289.aspx

En la conducta de Ortega no hay causa ni razón ni sentido

No pareciera coherente relacionar esta tragedia nacional por la embestida devastadora de los fenómenos naturales con el conflicto provocado por el Gobierno de Nicaragua. Pero la referencia se impone por la irracionalidad del proceder de Daniel Ortega, censurado aun por sus propios compatriotas.

Nadie ha podido –ni podrá jamás– explicar por qué Daniel Ortega ha actuado en forma tan perversa y demencial contra nuestro país. Me refiero a él porque él ha sido el responsable y el gestor de esta nueva invasión y, en este caso también, de la apropiación, manu militari, de parcelas del territorio nacional. Los demás, el Comandante Nada y los otros funcionarios no son sino instrumentos dóciles de quien los contrató para actuar y callar. Lo puso de manifiesto la comedia que, para su deshonor, montó anteayer en la OEA el representante de Nicaragua, Denis Moncada, teledirigido por Ortega y su canciller.

¿Por qué? A esta pregunta se puede responder alegando una causa, ofreciendo una razón, buena o mala, o un significado. En la conducta de Ortega no hay causa ni razón ni sentido. No hay motivos políticos, aunque los imagine, porque el pueblo lo desprecia y ni siquiera podrá invocar la unidad nacional para medrar. No busca provecho porque todo, más bien, conspira contra él. Tampoco reforzará su posición ante La Haya, en su conflicto caribeño con Colombia, porque esta es una vía irracional. El hecho mismo de nombrar al Comandante Nada como dragador oficial y conductor de una aventura tan disparatada verifica el estado mental en que se mueve, por él, el Estado nicaragüense.

Si, al parecer, son la demencia, el odio y la obsesión en causar daño los móviles de Ortega, de su proceder se desprende una conclusión: la magnitud de los efectos perniciosos para el propio pueblo, para un país vecino o para la comunidad internacional del abuso de poder en alas de la ideología, la corrupción o la sinrazón. Así, el imperativo político del bien común, al que se debe consagrar un gobernante con cuerpo y alma, se desplaza hacia objetivos de otra índole. Este desplazamiento explica buena parte de las desventuras de nuestros países. El pueblo es un pretexto.

Esta calamidad nacional nos lo demuestra. En medio de una de las mayores tragedias naturales del país, nuestro Gobierno debe atender también los efectos internos y externos de la irracionalidad de Daniel Ortega, quien, además, ha puesto en movimiento el aparato jurídico-político de la OEA y, quizás, más allá si esta, de nuevo, se enmaraña en los intereses de sus miembros. Ortega ha puesto en evidencia, de este modo, que para él el pueblo de Nicaragua, empobrecido y explotado, es solo la prueba de su propio envilecimiento.

Julio Rodríguez
La Nación | 04 de noviembre del 2010
http://www.nacion.com/2010-11-05/Opinion/Foro/Opinion2579078.aspx

Nuestra Presidenta ha actuado, a lo costarricense, entre la prudencia y el derecho internacional

Conozco la geografía nicaragüense y el alma de su pueblo, pues tuve el privilegio de dar clases en Masaya y en Granada a niños y jóvenes de primaria y secundaria, departir con los padres de familia y seguir los vericuetos de su política perversa. Es lógico que ame y admire a ese pueblo bueno, lírico y sufrido, y en cada nicaragüense veo, lo digo con entereza, a un hermano.

Aquellos eran los tiempos de Tacho Somoza, tirano y ladrón, como hoy Ortega. La vida me concedió la oportunidad de estar en León, una noche del 21 de setiembre de 1956, cerca de la Casa del Obrero, donde Tacho cayó abatido por Rigoberto López Pérez, un joven de 27 años. Al día siguiente, comenzó el susurro de que don Pepe sabía de antemano lo que iba a ocurrir. Es de vieja data, como se ve, que los políticos de Nicaragua, despechados o en busca de unidad, busquen en los ticos a sus chivos expiatorios, como lo ha sido el pretexto de la soberanía sobre el río San Juan para el binomio Gordomán-Ortega.

Don Pepe, por cierto, el mismo que dejó plantado en una recepción en Panamá al propio general Eisenhower, al ver que se acercaba, anhelante de un apretón de manos y de una foto, el h. p., como él dijo, de Tacho Somoza. (Si alguien quiere más información de esos momentos gloriosos, un tico-norteamericano, el edecán, lo atestigua). Don Pepe, el mismo que, unas pocas fechas después, le espetó a Fidel Castro, frente a la multitud, ebrio de poder, de revolución y de muerte, que estaba descarriando la revolución cubana. El mismo que, en una reunión con los generales de Centroamérica, soltó el siguiente saludo: “¡Diay, qué raro!; todos ustedes son generales y yo soy el único aquí que ha ganado una guerra'”.

Vamos a lo obvio: una cosa es el pueblo de Nicaragua, martirizado, en espera secular del día de la luz, y otra los canallas, con raras excepciones, que lo han explotado y extenuado. En esta galería de la ignominia figuran Daniel Ortega y sus secuaces, sin solemnidad en su juventud, hoy cleptócratas reconocidos y potentados capitalistas. Uno de sus bufones es el comandante Cero. Nunca un rango se aplicó con tanta justeza a un hombre tan minúsculo, encargado –otra piñata– del dragado del San Juan, para ejercer, desde ahí, su oficio de cuatrero de fincas costarricenses, que ahora encubre el Gobierno nica de lucha contra el narcotráfico.

Nuestra Presidenta ha actuado, a lo costarricense, entre la prudencia y el derecho internacional, a sabiendas de que, mientras el gangsterismo político impere en Nicaragua, bajo el amparo de la OEA, seguiremos expuestos, como el pueblo de Nicaragua, a toda suerte de sorpresas y de chantajes.

Julio Rodríguez
La Nación | 24 de octubre del 2010
http://www.nacion.com/2010-10-25/Opinion/Foro/Opinion2566732.aspx

La última (y) estúpida jugarreta del gobierno nicaragüense

Problemillas de salud, dichosamente, digo yo, no serios, me han tenido ausente de esta página unos días. Pero aquí voy, no sé si acongojado o indignado por la última, estúpida jugarreta del gobierno nicaragüense a orillas del San Juan.

Se ha citado en estos días la célebre expresión de don Ricardo Jiménez de que en Costa Rica tenemos cada año tres estaciones: el verano, la estación lluviosa y la de los problemas con Nicaragua. Somos los chivos expiatorios de nuestros amigables gobiernos septentrionales, y cada vez que un presidente de Nicaragua comienza a perder el apoyo de su pueblo, corre a armarle un problema a Costa Rica aunque sea acusarla de pretender ser la inventora del pinolillo. Ahora es éste, basado en un mapa apócrifo.

Salen diciendo que lo que hay que hacer es amojonar la frontera. La verdad es que en ningún
lugar del mundo se amojonan las fronteras cuando son naturales. Se amojonan las fronteras artificiales, y por eso entre Costa Rica y Nicaragua lo que hay que amojonar es la parte occidental, es decir, desde el océano Pacífico hasta el sitio donde la ribera sur del San Juan pertenece a Costa Rica. Lo demás no hace falta. Y si el gobierno de Nicaragua lo entendiera, no le habría permitido a Edén Pastora instalarse en la ribera derecha del San Juan (o darle instrucciones de que lo hiciera, no se sabe.)

Ha hecho bien el gobierno costarricense al recurrir a la OEA. Para mi modesto juicio, debió invocar lo que en 1949 y 1955 llamábamos el tratado de Río (que ahora tiene un apodo en sigla, creo, sin estar seguro, que lo llaman TIAR), porque tropas nicaragüenses (aunque sea comandadas por Edén Pastora) han ocupado territorio costarricense

No creo que podamos recurrir a las Naciones Unidas. Anda por ahí (o andaba cuando yo era diplomático) alguna cláusula según la cual los países americanos no recurrirán a la ONU por conflictos entre ellos, mientras éstos estén en la OEA.

Por lo pronto, valdría la pena saber cómo reaccionaría Daniel Ortega si enviáramos un contingente de policías a izar nuestra bandera en el sitio que Pastora usurpó.

En todo caso, estoy seguro de que Costa Rica entera está respaldando a su gobierno, y me parece muy sensata la idea de Julio Suñol de que doña Laura forme un gobierno de concentración nacional. Pero lo haga o no, tiene el apoyo total del país.

Alberto F. Cañas
afcanas@intnet.co.cr

Sobre el conflicto con Nicaragua

Al igual que el resto de los costarricenses, en los últimos días he visto con alarma la germinación de un serio conflicto entre nuestro país y la hermana República de Nicaragua. Y del mismo modo que el resto de los costarricenses entiendo con bastante claridad las razones de ese conflicto. No está entre ellas, como insiste en afirmarlo el Gobierno de Nicaragua, una disputa sobre el trazado de la línea fronteriza o el contenido de los derechos que cada uno de los países tiene sobre el Río San Juan, aspectos ambos dilucidados con lapidaria claridad en la sentencia de la Corte Internacional de Justicia del 13 de julio del 2009. A partir de esa sentencia nadie que no esté movido por la mala fe puede alegar ignorancia sobre la plena soberanía nicaragüense sobre el río o sobre los derechos de navegación y conexos de Costa Rica o sobre la soberanía costarricense sobre la margen derecha del río, incluyendo Isla Calero e Isla Portillos, así como nuestra posesión en común con Nicaragua de la Bahía de San Juan del Norte, todo de conformidad con el Tratado Cañas-Jerez de 1858, el Laudo Cleveland de 1888 y la sentencia de la Corte de Justicia Centroamericana de 1916. De nada de esto se trata, porque nada de esto admite ninguna duda razonable.

Las razones de este conflicto son otras y debemos decirlas con claridad. Lo que hay aquí es un burdo intento por parte del gobierno del Presidente Daniel Ortega para modificar en forma unilateral y por vías de hecho una demarcación fronteriza enteramente clara, agrediendo la soberanía costarricense e infligiendo en el proceso un severo daño ambiental a una zona protegida.

Pero hay más. Porque en el fondo la violación a la soberanía costarricense no es más que un medio innoble para que el Presidente Ortega perpetre una violación a la soberanía aún peor: a la soberanía que reside en el pueblo nicaragüense.

Este desafortunado incidente no es más que un expediente para legitimar la devastación por parte del Presidente Ortega de la institucionalidad democrática nicaragüense, del desmantelamiento de los frenos y contrapesos, las libertades políticas y los mecanismos de alternancia en el poder que con todas sus precariedades fueron el legado de dos guerras civiles y más de 100.000 muertos en Nicaragua. Esa es la verdadera tragedia y la verdadera violación a la soberanía que se esconde en este triste episodio. Se trata de una violación que ya se perpetró en el descarado fraude de las elecciones municipales del 2008 y que se intenta consumar en el 2011, mediante la reelección de Daniel Ortega por cualquier medio, proceso en el cual este sainete militar es tan solo una estación más en el itinerario.

Lo que estamos presenciando no es más que una vieja película en sepia, en la que el Comandante Ortega ha reemplazado al viejo Somoza con todos sus manes, hasta el de invadir recurrentemente a Costa Rica.

La invasión y ocupación de Isla Calero ya cumple más de una semana, y aún no se vislumbra una solución que conduzca al retiro inmediato e incondicional del Ejército de Nicaragua de nuestro territorio. Es sumamente improbable que la intervención de la Organización de los Estados Americanos logre revertir la situación actual, habida cuenta de las profundas divisiones regionales que desde hace años se han manifestado en ese foro. Ante ello, creo que nuestro gobierno no debe caer en trampas dilatorias y debe invocar el artículo 35.1 de la Carta de las Naciones Unidas, con el fin de elevar este acto de agresión que amenaza la paz regional ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Asimismo, debe iniciar sin más tardanza el cabildeo necesario con los 15 embajadores integrantes del Consejo y en especial con la Presidencia de turno, el Reino Unido, para que se adopten las medidas necesarias.

Por último, deseo manifestar enfáticamente que cualesquiera sean mis opiniones o reservas sobre el manejo de este incidente, es hora de dejarlas de lado para apoyar todas las gestiones que realice el gobierno de la Presidenta Laura Chinchilla para salvaguardar la soberanía nacional, hoy mancillada. Ese es nuestro deber como costarricenses.

Oscar Arias Sánchez
Ex Presidente de la República

¿Cómo inició el conflicto Costa Rica-Nicaragua?

Primero, debemos hacer referencia al algunos hechos históricos que, para este analisis, deben quedar claros y entendidos.

El límite natural entre ambos países lo determina el río San Juan, cuya soberanía corresponde a Nicaragua; Costa Rica, en cambio, posee derecho a su libre navegación. Esta condición quedó ratificada el 13 de julio del año 2009, mediante resolución del Tribunal Internacional de La Haya.

Costa Rica respeta y acoge estas condiciones; pero insiste en que este hecho no es un asunto limítrofe, sino la injerencia de un Estado en otro, en referencia a la permanencia de tropas nicaragüenses en la isla Calero, que pertenece a Costa Rica.

Esta injerencia se dio a partir de los trabajos de dragado del río San Juan que realiza el exguerrillero Edén Pastora a nombre del gobierno de Nicaragua, sobre la base de una referencia errónea en un mapa de la empresa Google.

Una historia repetida

De nuevo, Costa Rica y Nicaragua emergen en la palestra internacional en medio de un conflicto que sabemos cómo inicio, pero que no tenemos idea de cómo y cuándo terminará.

La tensión en la frontera común sirve de nuevo como distractor de las necesidades y problemas domésticos, una historia que se caracteriza por ser repetitiva y cansada.

En este blog iremos analizando las diferentes perspectivas que matizan las tensiones entre ambas naciones, intentando acercanos a un punto de vista objetivo y pausado.